Herencia culinaria de la Revolución mexicana

La Revolución mexicana es una etapa en la historia de México que influyó de manera muy importante en la cultura del país, no solo en la rama de la política sino en la cultura, incluido el ámbito culinario. Este se desarrolló bajo el contexto de largas jornadas caminando sin una cocina formal disponible, contando como ingredientes únicamente lo que hubiera para recolectar en campos o mediante trueques.

 

Las responsables de dar vida a los platillos de la Revolución fueron las soldaderas, también conocidas como “Adelitas”, mujeres que salieron de su casa para apoyar a sus maridos o enfrentarse junto a ellos en combate. Ellas fueron las encargadas de encontrar técnicas para hacer que los alimentos fueran poco perecederos y fáciles de transportar.

 

Cabe destacar que, hasta ese momento, se había buscado de manera institucional una identidad mexicana que se pareciera lo más posible a la Europa occidental. Gran ejemplo de ello es el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, cuya edificación inició durante el porfiriato. Sin embargo, la Revolución lo cambió todo.

 

La tortilla fue una protagonista que se volvió inmortal en el México posrevolucionario, igual que los caldos y los atoles. Aunque no se puede confirmar, uno de los platillos surgidos durante la época fue el burrito, preparado al norte del país muy probablemente para el ejército de Pancho Villa. Este es una variante del taco hecho para guardar el guisado en su interior, además de útil para transportar y comer en cualquier lugar.

 

La célebre discada es otro platillo importante, típico también del norte. Consiste en una combinación de carne de res picada, tocino, jamón, chorizo, cebolla, chile y tomate, ideal para alimentar a las tropas mediante una receta realmente sencilla, pero provechosa.

 

En el sur, principalmente en el Ejército Zapatista, se preferían los caldos (como el churipo) y los atoles. Sin embargo, los platillos no llevaban nombre por sí mismos, pues las soldaderas preparaban comida para todos con cualquier cosa que tuvieran a la mano. Destacó el uso de todas las variedades de chile y hierbas.

 

El pulque y el aguamiel eran las bebidas por excelencia, puesto que embriagaban suave en cantidades razonables, además de nutrir. El mezcal era barato, un aguardiente que fundó las bases para lo que hoy conocemos como tequila. Aún así, las bebidas favoritas de los líderes revolucionarios no eran embriagantes. Pancho Villa es célebre por amar las malteadas de fresa e incluso haber cruzado muchas veces a los Estados Unidos solo por ellas.

 

La gran mayoría de los ingredientes endémicos de México son populares gracias a la Revolución mexicana, puesto que esta cocina dejó de ser solo de la clase baja y trabajadora, y pasó a convertirse en identidad propia de México.

 

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